Sin duda alguna en la industria automotriz existe un antes y después del 17 de abril de 1964. Ese día, por primera vez en los Estados Unidos de América, las tres grandes televisoras mostraron al mismo tiempo un comercial y una presentación que generó más furor en todo el pueblo americano que la noche que Orson Wells con su radionovela “La guerra de los mundos”. Esa noche hubo gente que literalmente se fue a dormir a distribuidores Ford a lo largo y ancho de la unión americana, esperando que se cobrara su cheque para llevarse le sensación automotriz de la década. En otros distribuidores los clientes llegaron incluso a subastar las unidades que iban llegando a piso y en algunos otros se requirió a la policía para sacar gente de ellos por la “locura” que generó uno de los más grandes vendedores de autos y emblema de la firma Ford e ícono que cambió los parámetros con respecto a publicidad y estrategias de venta de la industria americana.


Sin embargo, toda ésta explosión de sensaciones, locura desmedida por tener un auto así, con la opción de personalizarlo enteramente a tu gusto, evolucionando a no sólo el mercado si no a la sociedad en general, comenzó con un pequeño grupo de trabajadores de Ford, quienes se juntaban en el Hotel Fairlane al término de sus horas laborales en el corporativo del óvalo, a principios de los años sesentas, la tarea era tan simple como paradójicamente complicada, el nuevo director concibió una idea que necesitaba le ayudaran a aterrizar, y debido a su enorme intuición sobre los gustos de los consumidores, pidió a los diseñadores construir no el mejor, sino el más barato de los autos deportivos. Los estadounidenses no querían tanto el motor de auto deportivo sino la apariencia. Ford les ofreció a los consumidores emoción y un aire elegante a un precio sumamente razonable.

El inquieto director. El joven Lee Iaccoca, flamante vicepresidente y director de FoMoCo, quien sucedía a Robert McNamara, el duro director que revivió a Ford después de la guerra, quien por cierto dejó la empresa para tomar el cargo de Secretario de la Defensa de Estados Unidos; además de haber sido el primer director no de apellido Ford, fue un gran impulsor de nuevas tecnologías y diseños, aunque su enfoque era más hacia la utilidad que hacia el gusto del consumidor, por tanto contrastó con el joven Lee quien fue creado desde los 22 años en el óvalo, cuando inició haciendo sus prácticas profesionales en Ford, fue gerente de distrito en Filadelfia luego del departamento de ventas de Washington, y finalmente ascendió rápidamente hasta que con sólo 36 años, se quedó con el puesto y generó una revolución total en la firma. Por cierto, llegó a la silla más alta de la empresa en 1970, al hacerse el primer presidente de la compañía sin tener el apellido de la marca.

Aunque hoy, amigo lector, el tema principal no es el gran vendedor sino su hijo pródigo, el gran caballo americano, y el éxito de este auto no fue sólo por Lee, sino por el grupo de gente de quien se rodeó para aterrizar esa idea, en donde se necesitaba un auto para los “baby boomers” ahora con hijos, que reuniera algunas de las características de los roadsters que llegaron a Estados Unidos después de la guerra, así como una evolución americana de este segmento recreada en los cincuentas: líneas simples, aspecto deportivo, asientos de cubo para darle sensación deportiva y ágil, palanca al piso, así como tener todas las opciones disponibles de accesorios, tipos de carrocería, color del coche, motor, transmisión manual o automática, y sobre todas estas cosas debía ser ligero (recuerda que la mayoría de los autos de la época pesaban más de 2 toneladas) y económico... ¿Suena fácil no?

Para aderezar toda esta sencilla mezcla, había otro par de factores: poco tiempo y poco presupuesto, ya que necesitaban que el auto estuviera rodando en menos de 18 meses, lo cual es una locura dado que iniciaban de cero y no había en sí un presupuesto dado para éste proyecto. De este grupo de diseñadores, brotó una de los más grandes autos jamás fabricados, el Mustang.

Ante la enorme cantidad de variantes del nuevo modelo, no hubo el tiempo suficiente para crear una base mecánica nueva. Varios elementos del chasis y suspensión, así como de la carrocería en general, fueron tomados del Ford Falcon, quien cambiaría para 1964 y algunas otras partes de otros modelos de la marca. Lo primero fue generar presencia y furor con un auto que tanto Lee como todo el comité Fairlane sabían no llegaría a producción pero hizo que tanto el público como la competencia sintieran que algo se movía en la planta Rouge. Se presentó en Walking Glens un auto concepto que, a diferencia de los conceptos normales que no se mueven por si solos, apareció corriendo en pista... el Mustang I, un vehículo de 2 pasajeros con motor medio y tracción trasera, (del que sólo se hicieron dos) con motor V4 de la división Ford Europa, palanca al piso un “dual cockpit” o doble tablero individual, blanco con franjas azules, tomas de aire laterales y rines de 13 pulgadas. Causó un gran impacto en todo el mundo y previó la aparición en menos de un año del Mustang II, un auto con motor de 8 cilindros, rines de 14 pulgadas, manteniendo las tomas de aire laterales simuladas y una línea más similar al auto que salió a la venta, también convertible, y sobre todo con espacio para cuatro pasajeros.

Terminado los trabajos de diseño se comenzó una labor de mucha importancia que hizo la diferencia con todos los demás autos de la industria y sobre todo de los autos que compitieron y que siguen algunos en competencia en el segmento: la mercadotecnia. Se pagaron publicaciones en todos los medios masivos para incluir fotos espías del auto concepto y se generó la campaña publicitaria más grande jamás hecha en el país.

De esta sencilla y curiosa manera, entre bombos y platillos, se lanzó el Ford Mustang 64 1/2 durante la Feria Mundial de Nueva York el 17 de abril de 1964. Para esa tarde a la prensa especializada ya los habían mandado manejando hasta la feria mundial en prototipos y todas las agencias del país tenían por lo menos un par de autos tapados en pisos de exhibición o guardados para sacarlos el día 18 en la mañana. Esto no llegó a suceder dado el furor que recién les comenté, Ford calculaba vender unos 100,000 autos en el año en Estados Unidos, Canadá y México, sin embargo, el primer día llegaron 22,000 órdenes y la producción tuvo que abrirse a dos plantas más, recortando la producción de otros modelos. El furor fue tal que para el 17 de abril de 1965 llevaban más de 417,000 Mustangs producidos. Antes de salir el modelo 1966 llevaban 1,000,000 de potros tan sólo en Estados Unidos y Canadá.

La fascinante historia del caballo va más allá de sus primeros meses y del revuelo que causó en muchos países, en donde se llegó a transportar por barco con tal de tener uno. Sin embargo, amigo lector, te platicaré de su evolución y de cómo forjó su historia y leyenda en el próximo número. ¡Hasta entonces!



Saludos amigos y lo mejor en este 2015!

Lic. Enrique Encinas
Presidente
Asociación MUSTANG CLUB Guadalajara